lunes, 4 de noviembre de 2013

Estado de excepción en el reino de las ratas

Pues este texto gracioso no es, pero éste es mi blog y me lo follo cuando quiero.




Estado de excepción en el reino de las ratas

Son doce. Se reúnen una vez por semana —normalmente los viernes— para tratar asuntos de gran calado. Creen en la paz y en la estabilidad del submundo. También creen que son hijas de un Murciélago Blanco que las creó a su imagen y semejanza. Todas son iguales ante Él.
         Su método de toma de decisiones es asambleario y por consenso. El dominio de la retórica recae sobre dos ratas alfa: Cifi y Wigni. Por lo tanto, las decisiones las toman o bien Cifi o bien Wigni, quienes a veces se ponen de acuerdo de antemano. Entonces el consenso se alcanza mucho más rápidamente.
         Esta semana el debate es un tanto convulso porque las cucarachas han convocado una huelga y amenazan con amontonarse sobre la boca de la alcantarilla. Eso implica que si alguna rata muere no podrá ascender al cielo y yacer junto al Murciélago Blanco. La rata Cifi propone declarar el estado de excepción, con la consecuente suspensión de derechos fundamentales, y el resto de las ratas levantan sus manitas para mostrar su acuerdo.


Son millones. Se reproducen a la velocidad de la luz. Un día alguien les dijo que, si permanecen unidas, vencerán. Si pudieran pensar por sí mismas lo pondrían en tela de juicio.
Cuando las ratas les cortaron el suministro de heces decidieron rebelarse, y ya se abalanzan sin remisión sobre las junturas del submundo, bloqueando todas las salidas. Oyen ruido de sirenas. Pero no tienen miedo: saben que si una cae, otra la reemplazará.
El ejército de las ratas consigue liberar algunos accesos haciendo uso del gas mostaza. Las rotativas empiezan a imprimir los titulares de mañana: «En menos de 24 horas el Gobierno normalizó la situación. Las cucarachas regresan a sus puestos de trabajo.»
Mientras montones de cucarachas agonizan en el suelo, algunos grupúsculos huyen despavoridos aguantándose la tos.


Pero tú no te asustes. Esa mancha negra que estás viendo asomar por la grieta de la taza del váter no te va a hacer daño, ni tampoco todas las que brotarán antes de que te dé tiempo a levantarte del sofá. Son sólo algunas cucarachas descarriadas. No las aplastes. No vayas a buscar insecticida o el bote de la silicona. Cuando mueras, ellas seguirán estando ahí para portar tu féretro.

FIN


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